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Bip, Bip, Bip… peregrinación

“Bip, bip, bip”. Sábado 2 de abril, las 5 de la mañana, suena la alarma. ¿Qué hace sonando la alarma un día como hoy a estas horas?

Tan dormida estaba que me di la vuelta en la cama sin recordar que yo misma la había puesto, que yo había quedado a las 6 para emprender junto mi parroquia, una peregrinación hacia la Catedral de la Almudena.

Gracias a Dios, no tardé mucho en escuchar la cafetera, lo que significaba que papá estaba en la cocina… en ese momento, a pesar de estar a oscuras, se me encendió la bombilla: ¡El móvil no se había vuelto loco! ¡La peregrinación! Corriendo me preparé, y a las 5:45 papá y yo estábamos listos para salir por la puerta.

Eran pocas farolas las que iluminaban la amplia avenida, que como era de esperar estaba vacía. Algunos coches pasaban pero no con mucha frecuencia. Al fondo, un grupo de unas 20 personas estaba parado y, a pesar de que fuesen sólo las siluetas lo que se veían a unos escasos metros, estábamos seguros de que era nuestra parroquia, ¿quién sino?

Padres e hijos junto con el sacerdote esperaban que estuviésemos todos para emprender la marcha. Ciertamente, era muy pronto pero nosotros estábamos llenos de energía.

La peregrinación tuvo un carácter especial y que se hizo muy amena. En total hicimos 23 km pero la ruta era muy sencilla, combinamos calles del pueblo y el monte pero casi todo “en liso”, sin pendientes. Nada más iniciar la peregrinación nos encomendamos a la Virgen, pidiendo la gracia para saber pedir perdón y perdonar, pues esta fue el sentido que queríamos darle a la peregrinación en este Año de la Misericordia.

Como es habitual, fuimos hablando unos con otros, contando chistes, haciéndonos fotos y quién quiso, pudo hablar con Don Daniel o confesarse y todo a muy buen ritmo… El que la había organizado y tenía calculados “los tiempos”, Nacho, estaba sorprendido.

Hicimos un par de paradas breves para reponer fuerzas, y ya casi habiendo llegado a nuestro destino, hicimos un descanso un poco más largo y nos tomamos un refresco mientras esperábamos a otros que se incorporarían más tarde, y que por unos motivos u otros no pudieron comenzar de madrugada.

Ya con ellos, caminamos lo que quedaba. Una vez alcanzada nuestra meta y hecha la foto de grupo, pasamos todos juntos mientras cantábamos bajo la Puerta Santa, que se había abierto de forma excepcional por ser el día que era y el año que es.

Dentro, la Catedral estaba llena, pero tuvimos la suerte de que nos permitiesen sentarnos en la escalinata de debajo de la Virgen de la Almudena, por donde más tarde el resto de peregrinos subirían para venerarla. Habían llegado también las personas mayores que junto con nuestro párroco hacían la peregrinación en autobús desde Las Rozas hasta Moncloa y caminando desde Moncloa a la catedral. También asistía a la Misa otra parroquia de Madrid. Juntos pedimos la Indulgencia por el Año de la Misericordia.

Para terminar, nos dividimos: un grupo se fue al Seminario a comer y otros nos fuimos de picnic a “Madrid río”, donde otra vez más demostramos que somos una pequeña gran familia.

Fue una jornada para agradecer mucho a Dios, que nos regaló muchos momentos y circunstancias que no se dan todos los días y que, por medio de ellos notamos su presencia entre nosotros.

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