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III domingo de Cuaresma

Continuando nuestro particular camino cuaresmal, el Evangelio de este domingo nos centra en la palabra CONVERSIÓN: Jesús entabla una conversación con la Samaritana que, poco a poco, la va  transformando, hasta llegar a decirle: “Señor dame esa agua, así no tendré más sed”.

“La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna»: Es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad». ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín” (*).

Los judíos estaban enemistados con los samaritanos, considerados como infieles ya que provenían de la tribu de José, hijo de Jacob, y se habían mezclado con tribus paganas, adoptando algunas de sus costumbres. Como no se les permitía asistir al templo de Jerusalén, construyeron su propio templo en el monte Garizim a un costado de Sicar, capital de Samaria.

“¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy samaritana?”, le dice a Jesús cuando Él le pide de beber, de paso por Samaria. Ante la incredulidad de la mujer, al pedirle un judío de beber, Jesús entabla una conversación que, poco a poco, la va  transformando, hasta llegar a decirle: “Señor dame esa agua, así no tendré más sed”.

Comienza por verlo como un judío desconocido y acaba aceptándolo como el Mesías. La samaritana entonces, revela a todo el pueblo que ha encontrado al Cristo. Muchos creyeron en Él y le rogaban que se quedara con ellos, por lo que permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo“.

Varias consecuencias  -entre otras muchas- podríamos sacar de la lectura de este pasaje:

  • La conversación con Jesús, la escucha atenta de su palabra –a través de la oración- que nos ayuda  a conocerlo y nos transforma.
  • La adoración a Dios ‘en espíritu y en verdad’, más que en el templo físico.
  • Jesús pasa por Samaria mostrando que Él ha venido a traer la Gracia de Dios a todo hombre, sin importar su raza o condición social.
  • La samaritana una vez que lo reconoce como Mesías, no se caya, lo difunde por todo el pueblo.
  • Una vez que lo tratan y lo oyen directamente, sus paisanos también creen en Él como verdadero Salvador del mundo.

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