FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN
27 Marzo, 2016
PEREGRINACIÓN PARROQUIAL
27 Marzo, 2016

Javierada ’16

Silencio. Silencio era lo que había en el autobús de vuelta a casa, de vuelta a Madrid. Habíamos pasado un fin de semana tan fantástico como agotador y como era de esperar, recostarnos en el asiento de nuestro autobús era de lo poco que nos pedía el cuerpo. Nada se parecía el ambiente a aquel de cuando viajamos hacia Pamplona…

Estando todos preparados, la primera misión fue comprobar que no nos dejábamos a nadie en tierra, nuestro entusiasmo y nuestras ganas hicieron que al pasar lista, convirtiésemos ese típico “aquí estoy” en un verdadero grito de guerra. Nos quedaba un largo camino por delante pero íbamos bien cargaditos de energía. Paramos a recoger a los que serían nuestros compañeros de viaje, los jóvenes de la parroquia de San Agustín del Guadalix. Hecho esto, ahora sí que sí el conductor ponía rumbo hacia nuestro destino: el Seminario de Pamplona, donde dormiríamos. No tardamos mucho en conocer mejor a los jóvenes de San Agustín del Guadalix, y es que una de las oportunidades que este tipo de convivencias te brinda es conocerte más a ti mismo, conocer a los demás y aprender a convivir con ellos… A compartir un solo espejo por las mañanas, a tener conversaciones con personas con las que ni siquiera esperabas congeniar, mejorar tus reflejos o te quedas sin salir en el selfie y así, tantas y tantas cosas…

Fuimos el primer autobús en llegar, lo que significó poder tranquilamente (un privilegio, por cierto), colocar nuestros sacos y esterillas ordenadamente, teniendo en cuenta que otros vendrían después a compartir habitación con nosotros. A continuación, bajamos a cenar mientras que poco a poco iban llegando el resto de parroquias y cuando estuvimos todos, rezamos juntos para más tarde irnos a descansar, el día que nos esperaba a la mañana siguiente, lo requería.

Y por fin llegó el sábado, todos estábamos expectantes, ¿habría algún claro o fuera nos esperaba un día encapotado? Desde luego, los meteorólogos durante toda la semana solo nos habían anunciado malas noticias: lluvia y lluvia, incluso nieve.  

Primero, celebramos Misa y luego, salimos a la calle: el suelo tenía algún que otro charco y el ambiente era húmedo, pero el Señor que lo puede todo, quiso que pudiésemos llevar a cabo nuestra marcha con normalidad y nos mandó nubes, pero también un poquito de sol, así que emprendimos la ruta como estaba previsto aunque eso sí, ¡bien abrigados!

Fue una caminata más amena para unos que para otros, pero para todos una experiencia inolvidable: chistes, fotos, canciones, acertijos (alguno todavía seguimos pensando la respuesta) y el saber que no estamos solos, que cristianos somos muchos y no somos ni aburridos ni “bichos raros”, sino todo lo contrario, ¡una piña que mola mogollón! Al llegar a Javier tuvimos tiempo para volver a colocar nuestras cosas para más tarde dormir, relajarnos un poco y cenar de nuevo en “pandilla”.

Después de este tiempo que tuvimos más libre, llegó uno de los más bonitos: una vigilia de oración en el santuario, presidida por el Arzobispo de Pamplona. Llegó el momento de hacer silencio y agradecerle a Dios todo lo que nos da, de agradecer esa peregrinación, toda la gente que nos rodeaba y que estaba a nuestro lado, tantos pequeños detalles del día a día. De pedirle, de ponernos en Sus manos y dejar que se haga en nosotros Su voluntad. De recibir Su perdón. En definitiva, de disfrutar de Su paz. Tranquilos al acabar este ratito tan íntimo con el Señor rápidamente fuimos todos a dormir.

Y ya, sin querer darnos cuenta, había pasado el fin de semana, ya era Domingo. Desayunamos y rezamos juntos, recogimos y metimos en el autobús nuestras maletas, pues nada más acabar la Misa nos subiríamos al autobús para emprender el regreso. La explanada a la que llegamos el día anterior, ahora parecía pequeña, pues muchas personas de distintos lugares aquella mañana se amontonaron frente al Castillo de Javier. La Misa fue multitudinaria, presidida por el Arzobispo y de mucho provecho para todos. Después pudimos visitar el castillo, donde nos esperaba la talla del crucificado sonriente, y un poco los alrededores y fue una gran foto del gran grupo, con la que dimos por finalizada nuestra visita tan relámpago y sin embargo tan productiva. Nos trajimos nuevos amigos, mucho sueño, momentos de recogimiento y personales con Dios, paz, tranquilidad, miles de cosas para relatar y los días contados para que se vuelva a repetir, pues experiencias así son las que nos hacen personas afortunadas.

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies