ENTRAR EN JERUSALÉN ES “ENTRAR” EN LOS PLANES DE DIOS
9 abril, 2017
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20 abril, 2017

Jueves Santo – Celebración de la Cena del Señor

Con esta celebración de la Cena del Señor entramos en el Triduo Pascual, en el que vamos a asistir a ese milagro de amor que es la muerte y la Resurrección de Jesús. Esta celebración nos prepara para esas horas y nos deja con la tristeza de lo que ocurrirá un poco después de la cena. Getsemaní aparece en el horizonte y también la detención, la tortura y la falsa condena a muerte de un hombre justo. No hemos de perder la oportunidad de entrar fuerte, con toda nuestra alma y todo nuestro corazón, en lo que se abre para nosotros a partir de esta hora. El sacrificio de Jesús nos ha hecho libres, pero hemos de tener conciencia y consciencia de lo que significa. No perdamos, hoy esa oportunidad.

Hoy es un día repleto de recuerdos que, para los que gozamos del don de la Fe, sabemos que nos enriquecen al máximo. Los podemos ir desgranando, paladeándolos versículo a versículo en el relato de Juan (Jn 12,12 – 20):

  • EL GESTO DE JESÚS LAVANDO LOS PIES A LOS APÓSTOLES, a ellos, como pudiera hacerlo a cualquiera de nosotros, es impresionante. Es una expresión suprema de humildad y servicio, hacerlo era cosa propia de los servidores de más baja condición.

– Un amor que se arrodilla. Manifestación espléndida de la humildad de Dios. se sabe señor y se arrodilla. Dios se pone siempre a nuestros pies. Los discípulos rivalizaban y el Maestro se arrodilla. El Señor e hace el más pequeño, un pobre esclavo. Este gesto vale por mil consejos.
Un amor que sirve.“El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir”(Mc 10,45). “¿Quién es el mayor el que está en la mesa o el que sirve?. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 24-27). “Os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros”. El servicio, la ‘diaconía’ es una dimensión constitutiva de la Iglesia.
Un amor que purifica. “Vosotros estáis limpios, aunque no todos”. Hablaba Jesús, naturalmente de la limpieza del corazón. Es una necesidad para poder ver a Dios (“Dichosos los limpios de corazón”) y para poder acercarse a Dios (“Quítate las sandalias”)“¿Quién puede hospedarse en tu tienda? El hombre de manos inocentes  y puro corazón (Sal 23, 4) .

Es especialmente necesario para  sentarse a la mesa y comulgar  Dios.

  • Pronuncia esta noche un largo y denso discurso que no improvisó (Jn, 13,31-18) y que culminó con la oración sacerdotal (Jn 17,1-26). Lo tenía pensado el Padre desde la eternidad y se lo había encargado que nos lo trasmitiera, en muchos momentos, es SU TESTAMENTO ESPIRITUAL; y nosotros, los afortunados herederos ¿sabemos lo que hemos recibido gratuitamente de Él?.
  • INSTITUYE LA EUCARISTÍA. El pan partido y la copa rebosante son el sol de nuestra vida, porque en este signo se recoge toda la vida de Cristo: su vida y su muerte, su amor y su dolor, su misericordia y su gracia, su entrega y su permanencia. Es:
    – Alimento para el camino, viático…
    – Sacramento de gracia y presenciaReconocieron a Cristo al partir el pan. La mente se llena de gracia. Todos los sacramentos y sus gracias de aquí parten y aquí se concentran. Su presencia permanece.
    – Medicina de inmortalidad, porque comemos un amor inmortal: “El que come mi pan vivirá para siempre”.
    – Comunión con Cristo. Nos llena de su vida y nos identifica con él. “El que me come vivirá por mí”(Jn 6,57). El alimento pasa a ser vida del que lo come. Aquí, el que come pasa a ser vida del alimento. Cada Eucaristía nos cristifica, nos llena del Señor.
    – Comunión con los hermanos. Si todos comemos de un mismo pan, todos tenemos que estar unidos, “un solo pan y un solo cuerpo somos” (I Co 10,17). Cada comunión engendra fraternidad y solidaridad. Sería escandaloso que unos se harten y otros pasen hambre (cf. I Co, 11,21).Y más allá de la solidaridad tiene que vivir la caridad; el que parte el pan de Cristo tiene que aprender a partirse y hacerse pan, a fin de dejarse comer.ultima-cena-24San Pablo escribe una de las páginas que refleja la vida de la Iglesia en la época de sus comienzos: “Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido…” (1 Co 11, 26). Entonces, como ahora, había un acontecimiento que era central en la existencia cotidiana de los primeros cristianos, la celebración de la Eucaristía, la Santa Misa. Tradición, realidad dinámica y viva. Esto es, una verdad original que ha sido trasmitida con fidelidad exquisita, sin quitar ni poner nada. Y al mismo tiempo una verdad que sigue viva y vibrante, una realidad salvadora que se proclama y transmite, como una antorcha que no se apaga y que se va pasando de mano en mano, siempre con la misma luz y claridad. La eucaristía es memorial de Cristo crucificado, recordándonos que hemos sido redimidos por la entrega de una vida que aceptó morir en la cruz; pero también celebramos la memoria de un Cristo vivo, resucitado. Por eso, la eucaristía es llamada “misterio pascual”. La plegaria central de la eucaristía es una plegaria de acción de gracias y de alabanza al Padre por el gran don de su Hijo.

QUE OS AMÉIS COMO YO OS HE AMADO

Se nos había mandado el amor al prójimo como a nosotros mismos. Ahora se nos pide que nos amemos unos a otros; y que nos amemos más que a nosotros mismos. Se nos pide que amemos como Cristo nos ha amado, es decir, que amemos al hermano como Dios. Y sabemos que Dios nos amó hasta darlo todo, hasta dar la vida por nosotros.

pie-pelicaneEsta exigencia de amor a lo divino no puede ser objeto de un mandamiento, porque el amor no se manda y porque este amor nos supera. Hemos de hablar más bien de una exigencia y de una gracia. Algo que debe ser connatural a la vida del cristiano.

La capacidad de amar divinamente sólo puede dárnosla el mismo Dios. Por eso es gracia, porque el amor ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo (cf Rom 5,5). “Él nos amó primero” (1 Jn 4,19)

  • El Jueves Santo nos muestra el alma sacerdotal del Señor. No sólo nos ofrece un poco de pan y un poco de vino. Es Cristo mismo quien se nos da: sacerdote, víctima y altar.Amar no es sólo dar, es sobre todo darse, entregarse al otro, participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro. Hoy celebramos también el día de la INSTITUCIÓN DEL SACERDOCIO MINISTERIAL. El sacerdote, puente que transmite la misericordia de Dios, ejemplo vivo de la renuncia de sí y entrega a los hermanos, al que se le confía el sacrificio redentor de Cristo, “su cuerpo entregado y su sangre derramada”.“El amor y el don de Cristo crucificado pasan a través de vuestras manos, vuestra voz, y vuestro corazón. ¡Es una experiencia siempre nueva de asombro ver que en mis manos, en mi voz, el Señor realiza este misterio de Su presencia!” (Benedicto XVI a los ordenandos, 20 junio 2010).

AMAR ES SERVIR AL NECESITADO

Jesús amó a los suyos “hasta el extremo”, nos dice el evangelista Juan. El amor cristiano es ‘agapé’, es decir amor gratuito y desinteresado, que no exige nada a cambio. El amor a la Iglesia universal y local. La preocupación por los problemas del mundo, especialmente la justicia y la paz.

A esta universalidad del amor no se contrapone a una preferencia respecto a determinadas personas o grupos a los que estamos más vinculados: los parientes, los amigos, las personas o grupos con las que compartimos afecto, opciones comunes, tareas profesionales o sociales, aficiones y también nuestra fe.

Pero también junto a ellos, Dios nos pide una preferencia: “amor preferencial por los pobres”. Hemos de preguntarnos en este día: ¿qué tiempo les dedico, qué recursos económicos les ofrezco, qué nivel de austeridad me exijo, qué cualidades pongo a su servicio, qué aprendo en mi relación con ellos? Todos somos iguales. Pero algunos (ellos) son “más desiguales que otros”. El evangelio me pide que sean “más iguales”. Para la Iglesia, ha subrayado el Papa Benedicto XVI -y lo ha vuelto a recordar muy recientemente el Papa Francisco- la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y a su esencia. El cristiano tiene que luchar por la justicia, por el orden justo de la sociedad. El amor-caridad siempre será necesario incluso en una sociedad más justa. Siempre es necesaria la atención personal, el consuelo y el cuidado de la persona. Los que dedican su tiempo a los demás en las instituciones caritativas de la Iglesia deben “realizar su misión con destreza, pero deben distinguirse por su dedicación al otro, con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad” (Dios es amor, nº 31)El necesitado, pobre en todos los sentidos tiene nombre y apellidos, no es un número, necesita que le escuchen y, sobre todo, que le quieran.

Hoy y siempre todos somos, y debemos ser, Caritasel rostro del amor de Dios por sus hijos más pobres. Hoy, desde Caritas, desde el Amor, pedimos que no se nos acostumbre el corazón, ni la mirada, a tantas situaciones de crisis que estamos viendo a nuestro alrededor, situaciones de hambre, de injusticia, de discriminación, de soledad, de desamor, de tristeza, de dolor, de falta de ganas de vivir… de tantas cosas. La respuesta sigue siendo el Amor hecho servicio, al estilo de Jesús, hecho solidaridad entre las personas, que no permitimos que un hermano nuestro lo pase mal.

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