Hoja Parroquial 21-08-2016
21 agosto, 2016
Hoja Parroquial 28-08-2016
28 agosto, 2016

SEMBLANZA DE UNA AGENTE DE SALUD – Verano del 2016.

Hoy es un día ventoso, gracias a Dios ha bajado bastante la temperatura, el calor de estas

últimas semanas ha sido agobiante.

 

Esta mañana fuimos a la residencia, como cada miércoles y sábados, a ver a nuestros viejitos. Es

una alegría encontrarlos por los alrededores de la capilla cuando llegamos, avanzando

lentamente con su cansado caminar o sentados en sus sitios esperándonos, “rezando para sus

adentros.”

 

Dn. Daniel me ha pedido que haga una pequeña semblanza de mi paso por sus vidas en este año

como Agente de la Salud, y tengo que reconocer que no me cuesta, a todos nos gusta hablar de

lo que nos hace sentirnos felices.

 

Atravesar las puertas de la Residencia Orpea es una aventura enriquecedora para mí, no solo por

los ancianos con sus dimes y diretes, sino por la posibilidad de compartir con las compañeras

experiencias nuevas y poner a prueba nuestra capacidad de servicio.

 

A medida que han pasado los meses nos hemos cruzado con enfermedades, caídas, alzheimer,

despedidas, reencuentros, muertes… Reconozco que en cada uno de ellos me he dejado un

trocito de corazón, es inevitable, estos viejitos me inspiran ternura, hacen crecer la paciencia,

aplacan las prisas y descubren sin querer mis lágrimas, echando por tierra la vanidad de

cualquiera. Toda una escuela de vida.

 

Nuestro trabajo consiste en acompañarles al rezo del Rosario y a la celebración de la Misa, les

ayudamos a colocarse, tiramos de las sillas de ruedas, les repartimos agua en la comunión,

atendemos sus necesidades con cariño y una sonrisa. Siempre salgo ganando.

 

Los lunes pasamos con ellos una hora de cháchara y recuerdos de su juventud, de sus hijos, su

trabajo, su casa, y los seres queridos que ya nos han dejado, por unos momentos quedan atrás

dolores, enfermedades y soledad. Algo en sus miradas me traslada a mi niñez con mi abuela

Rosa y sus “vitaminas espirituales”, aquel libro que siempre tenía en su mesilla que hablaba de

Dios y cosas que aún yo no entendía, pero que ella me leía muy despacio.

 

Hoy ya una mujer “hecha y derecha “, sigo bebiendo de las vitaminas de su testimonio de vida,

sigo sintiéndome una niña buscando el secreto de la felicidad y descubriendo el reflejo de sus

ojos en cada uno de estos viejitos. Como si de alguna manera le devolviera una pequeña parte

de lo que supo, desde su sencillez de mujer de campo, inculcar sobre Dios en la curiosidad de

mis primeros años.

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies