P. Jesús Torres Fernández

Vicario parroquial

“Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad”

(2 Corintios 12, 9)

Cuando uno intenta poner por palabras la obra que Dios ha ido haciendo con uno mismo, en mi caso resuena con fuerza estas palabras que el Señor dirige a San Pablo: “Te basta mi gracia…” A lo largo de mi vida he ido viendo como todo lo que ha sucedido -de forma especial la llamada al sacerdocio- ha sido un acoger su gracia, y darme cuenta de que con ella todo se puede.

El Señor me ha bendecido con una familia cristiana, unos padres que desde que era pequeño me enseñaron la fe, a rezar, me llevaron a un colegio religioso, y sobre todo me llevaron a la parroquia. Lugar donde Dios me habló de manera especial. Además, el Señor me ha bendecido con un hermano sacerdote -la Palabra de Dios se cumple- el Señor sigue llamando a hermanos de dos en dos.

Entrando en materia sobre mi vocación, podría decir que las primeras señales que el Señor me mandó fue cuando era monaguillo. Dios desde pequeño me puso el deseo de ayudar en Misa, y me fui dando cuenta que ese deseo, realmente era el deseo de Dios de que fuera sacerdote. Y así fue… tras esos años en los que era monaguillo, iba a catequesis, y  me disponía a comenzar la ESO, me decidí a hablar con el sacerdote de mi parroquia. Comencé así con él una Dirección Espiritual que me ayudó a ver claramente cuál era la voluntad de Dios.

Así fue como comencé a diario a rezar un poco más, frecuentar más los sacramentos, e ir al grupo de jóvenes de mi parroquia (San Ricardo). Esto  me ayudo de manera especial a ratificar que Dios me llamaba a ser sacerdote. Tenía un deseo grande en primer lugar de entregarme totalmente a Dios, y así entregarme a los demás. Y así llegó el año 2013, año en el que comencé la formación sacerdotal. Tras estos años de seminario solo puedo dar gracias a Dios por mi familia, a los sacerdotes que me han acompañado, y al seminario que tanto me han ayudado a para que hoy sea sacerdote.

Comienzo el ministerio sacerdotal en esta parroquia de San Miguel con mucha ilusión, queriendo aprender mucho, y también -y así espero- ayudándoos a todos a acercaros al Señor, sabiendo siempre que en todo dependemos de la gracia de Dios. ¡Rezad por mí!

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